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Hay cuatro etapas en la vida, me dice un buen amigo: “Lo mejor de lo mejor, lo peor de lo mejor, lo mejor de lo peor y lo peor de lo peor”. El chascarrillo, tan ingenioso como inexacto, resume una manera de pensar: el sentido de la vida es descendente, de lo bueno a lo malo. Cumplir años es una pésima noticia, porque el futuro que nos espera siempre será peor. Porque, a medida que envejecemos, dejamos lo mejor atrás. “Todo los caminares hieren, el último mata».

Horrible calor, otra noche con un duermevela implacable, en la que los fantasmas, negros y opacos me bañan de desesperanza, nostalgias, fantasías sin límite.

No le cuentes a nadie que estoy perdido, que me perdí con alas de mariposa huyendo de las tierras rojas de fuego, y despertares de ruido que ensordece.

No le cuentes a nadie que en los vaivenes del viento me desplazó, para mirarte, y sólo veo la niebla gris de escombros y desastre y no encuentro las rosas para posarme.

No les cuentes que siento tanto dolor.

Recordando nuestras vivencias entre tus calles, entre las mías, que el alma se me muere cruzando el aire, y sólo veo negrura, y destrucción cobarde.

No les cuentes que espero para mi amor, que da vida a mí vida, alejando la miseria y soledad, dolor y olvido sin consuelo ni tregua, claveles quiero que devoren tu odio.

Cuéntales que me gusta caminar bajo la lluvia, pues así no pueden ver mis lagrimas por vuestra ausencia,

Yo quiero que les cuentes que solo quiero borrar del horizonte los errores, las equivocaciones.

Y regresar un día, limpias las manos, a sembrar esta tierra roja, de nuestra memoria, de nuestra vida. Volver a ser felices, como hace dos días lo fuimos.

Sembraremos de sueños, de esperanza y de claveles, el tiempo que nos queda. Cada vez menos.

Cada vez más. Necesito ser feliz contigo, hoy, mañana… antes de que se nos vaya la vida.

Después de una larga etapa transcurriendo, como se puede, por el sinuoso camino de la vida, con muchos momentos felices y algunos amargos, nos invade una inmensa nostalgia y el recuerdo de las sombras y las luces que nos acompañan, y en mi caso sólo me queda gritar.

Os llevo en mi caminar, aunque ya no ande con vosotros.

Algunos amigos, más agobiados que yo, se encuentran preparándose para la última etapa… y eso me obliga, aunque no me guste, a reflexionar.

Esto de fallecer es más complicado de lo que parece. Además, aquí en España, es caro. Carísimo. De hecho, yo he pedido que depositen mi cadáver en un Punto Limpio y si no me dejan, por el medio ambiente, en la ladera del Cerro Coberteras, en mi Rivas. Consciente de que la Ciencia no me lo admitiría. Y que esta otra opción, sería más rápida y económica, para todos.

El hombre es un privilegiado en la evolución, es el único animal, que sabe que va a morirse, lo cual es una faena de considerables dimensiones. A veces el exceso de conocimientos no es bueno del todo.

Conocimientos, que nos llevan a creer y sobre todo a desear, una segunda vida, cosa que no estaría mal, a no ser porque hay gente que se ha empeñado en que antes debes someterte a un juicio previo, que termina en un veredicto, que o te lleva a la más absoluta felicidad o a los más aberrantes suplicios.

Yo apuesto por la felicidad.

Todo ello por la eternidad y al parecer sin posibilidad de escoger abogado y ni siquiera de recurrir a instancias superiores. ¡Un lío!

¿Puedo quedarme como estoy? Podría preguntarse alguien.

La respuesta es NO. O se va al cielo o se va al infierno.

En la religión católica, desde la Edad Media, hasta hace unos años tenían el Limbo, para los niños que no habían recibido el sacramento del bautismo. Pero lo quitaron hace del orden de una década. En todas las religiones tienen algo parecido, pues para no pensar, se copian las unas a las otra.

No se sabe que pudieron hacer con tanto crío. Debieron ser miles de millones y encima a la cantidad de cuidadores, que debieron dejar en paro.

Para lograr el estatus de la felicidad absoluta, hay que cumplir “la voluntad de dios”. Según parece también yo, aunque todos saben, que desde el inicio de mi caminar SOY ATEO.

Voluntad, que nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste, puesto que nunca le hemos escuchado, pero que tiene miles y miles de personas que se atribuyen conocerla, interpretarla y comunicártela.

Incluso hacer que la cumplas, aunque sea recurriendo a métodos inquisitoriales del medievo.

Suelen llamarse papas, imanes, popes, curas, obispos, rabinos, lamas, etc.

Algunos incluso, con denominaciones más rimbombantes como la de ‘Ministros del Señor’.

Suelen vestir ropajes a veces extravagantes, pero siempre notorios, ropajes que realcen su posición diferencial del resto de los mortales. Que se note que son los que mandan.

Algo propio, sólo de seres ungidos por la divina divinidad del divino dios. ¡Cuánto divino!

Además, se hacen rodear de símbolos a los que frecuentemente obligan a besar, arrodillarse o inclinar la cabeza, a sus afiliados. Yo que nunca me he arrodillado ante nadie ni nada.

También son hábiles urdidores de enigmas, como el del dios uno y trino. La paloma que dejo preñada a María, delante de su esposo José. Creadores de personajes de ficción, como Lucifer. Señoras que hace más de 2000 años, eran madres sin intervención de varón. Vírgenes que te esperan en el Paraíso, etc. Una trampa para que los de exceso de testosterona caigan.

Son gente capaz con una copa en una mano, una oblea en la otra y por supuesto con la testosterona (Las mujeres, según estos elementos, no pueden hacerlo), consagrar el cuerpo y la sangre de cristo.

Tres ingredientes con los que reparten hostias casi todos los días en las iglesias.

Todo se resume en un monosílabo, que todos debemos acatar: FE. Y yo siempre les digo la FE es el pensamiento que se estrella contra el muro de la razón.

Estos colectivos religiosos, los hay de todos los colores y todo ello en más de 100 variantes. Sin contar sectas, sub-sectas,  infra-sectas y ultra-sectas.

Normalmente todos tienen una especial vocación por alinearse con el poder y aquí en España, alinearse, también, con no pagar impuestos y si se atreven a hacerse ricos con las criptomonedas. Eso si todo lo que sea, pero sin trabajar.

Y con estos comentarios, quiero describir al conjunto en general, aunque debo ser sincero y también reconocer que, dentro de él, hay ejemplos de solidaridad y humanidad.

Cómo en este caminar, que disfruto lo más que me dejan, nadie va a escribir sobre lo bueno o malo que he realizado y mientras que llega ese final. Escribo este relato, esperando que seáis todo lo críticos que os apetezca… cómo yo siempre he sido.

Hablaré de solidaridad, ateísmo, literatura, arte y sobre todo VIDA.

Os llevo en mi caminar, aunque ya no ande con vosotros.